La vida y la fe pudieron más

Quiso la eutanasia pero murió con paz en la fe de la Iglesia habiendo recibido el bautismo cuatro días antes.
"Mi marido, holandés, no cristiano, enfermo, en los últimos 9 meses, de vez en cuando, pedía que se le practicara la eutanasia. Viviamos en España. Alguien le ofrecio llevarlo a Holanda, que allí se la podrían practicar".
 
 
Quiero contar la experiencia cercana vivida con la enfermedad y muerte de mi marido.

        Yo soy creyente, católica, creo en Dios y en que El nos da la vida y permite que muramos, pero estamos en sus manos. Yo no estaba de acuerdo con esas ideas de la eutanasia, ni siquiera cuando la enfermedad hacía muy difícil atender a mi marido. Yo quería cuidarle y atenderle, y acercarle a Dios y a la Virgen en esos últimos meses, o años quizás, de su vida.

        Mi marido me tenía un gran cariño a mí, no quiso ir a Holanda, ni alejarse de mí, quiso quedarse a mi lado. Por otra parte siempre, desde pequeño, aunque no cristiano, había sentido simpatía por la Virgen.

        Por último todo se puso tan difícil que él pidio ir a una residencia, mis hermanos le llevaron a una muy buena, donde le atendían muy bien médicamente, con cariño. Yo podía ir a verle cada día.

        Empezó a decirle a las auxiliares que no se quería morir.

        Uno de los días en que yo había ido a hacerle compañia me dijo como en un susurro: "Muchas gracias por tu visita".

Otro día le pregunté: ¿Rezas cada noche el avemaria? como habíamos rezado juntos siempre desde que nos casamos. Me contestó que sí.

Cuatro días antes de morir recibió el bautismo, que había pedido en tres ocasiones anteriormente.

        Ahora rezo por él a la Virgen del Carmen, y guardo el escapulario con la "Virgencita" que él llevó siempre encima desde el día de nuestra boda. La Virgen del Carmen en la vida ayuda, en la muerte protege, después de la muerte salva.

        Ahora me queda la paz y la alegría de que mi marido estará con Ella en el cielo.

        La vida y la Fe pudo más que las teorías que andan sueltas por este mundo occidental.

Carmela García
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